Abril duele mucho: A 8 años de la masacre, el exilio nica clama justicia en Costa Rica
Ni el tiempo ni el destierro han logrado que el nica se olvide de sus muertos. Este 18 de abril, al cumplirse ocho años exactos desde que el pueblo se alzó en 2018
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4/20/20262 min leer


San José, Costa Rica — Ni el tiempo ni el destierro han logrado que el nica se olvide de sus muertos. Este 18 de abril, al cumplirse ocho años exactos desde que el pueblo se alzó en 2018, decenas de exiliados se reunieron en la iglesia San Francisco de Goicoechea, en la capital tica, para dejar claro que la herida sigue abierta y que la demanda de justicia no prescribe.
La misa, cargada de nostalgia y convicción, fue un espacio para honrar a las víctimas de la represión estatal. Mientras los organismos internacionales documentan más de 300 fallecidos, las organizaciones de derechos humanos en el terreno mantienen que la cifra de personas que perdieron la vida por la violencia del régimen supera las 600.
"Nuestros muertos son semillas"
El padre Rafael Aragón, uno de los tantos sacerdotes que ha tenido que salir de Nicaragua por la persecución, fue quien ofició la ceremonia. En su homilía, el padre destacó que los caídos son un “testimonio de convicción” y que su sacrificio sigue siendo el motor de quienes sueñan con una Nicaragua distinta, libre de dictadura.
Entre los asistentes estaba doña Candelaria Díaz, madre de una de las víctimas, quien con la voz quebrada pero firme denunció que en Nicaragua las puertas de la justicia están cerradas con candado. “Seguimos pidiendo justicia”, soltó doña Candelaria, recordando el calvario que ha vivido solo para que el nombre de su hijo no quede en el olvido de los archivos oficiales.
Dos caras de una misma fecha
Lo que empezó en 2018 como un reclamo por las reformas a la seguridad social, pronto se volvió un grito nacional exigiendo la salida de Daniel Ortega. Esa valentía fue respondida con balas, dejando una crisis sociopolítica que hoy mantiene a miles de nicaragüenses en el exilio y al país bajo un estado policial.
Mientras en San José la diáspora llora a sus muertos y exige que se sepa la verdad, allá en Nicaragua el Gobierno intenta tapar el sol con un dedo celebrando el "Día de la Paz" bajo un control absoluto. Sin embargo, actos como el de Goicoechea demuestran que, aunque estén lejos de su tierra, los nicas no van a dejar de joder hasta que haya verdad, justicia y reparación para cada una de las víctimas.










